
* Dios-Espíritus-SerHumano *
* El Libro del Ser Humano *
* Teosofía Espírita *
Creada: 17 febrero 2026 [Actualizada: 15 abril 26]
ÍNDICE: El Hombre y Dios // Conocer a Dios // Compartirnos // Espacio-Tiempo // Estructura del Ser - Tetrapolaridad // Supervivencia del Cuerpo // Estado vibratorio y Moral // Reencarnación // Somos Almas // Holografía y Cuerpo carnal // Fraternidad Universal // Links de interés //
* Concretemos en primer lugar algunos puntos sobre la Relación del Hombre con Dios y qué viene a ser el Universo en ello.
El Espíritu humano busca entender la naturaleza de Dios, del Universo y del Alma, más allá de criterios religiosos y científicos. Hagamos uso de nuestro sentido común, del bagaje de experiencias que hemos ido cultivando en investigaciones desde nuestra sensibilidad cerebral y sensorial, así como de las percepciones intuitivas que nos han ido apareciendo en diversidad de ocasiones en que hemos parado la mente discursiva, situándonos con receptividad desde el Alma, nuestro verdadero Ser, la Esencia que nos vincula a Dios directamente y a la Unicidad universal de la que formamos parte.
El Universo no es creado de la nada. Es una emanación natural desde la fuente divina, como diría Plotino, que desde la inexpresión plena se va densificando, haciéndose manifiesta a través de vibraciones incesantes, apareciendo con el paso del Tiempo en el modo de lo que llamamos Partículas Elementales, que irán dando lugar a los Átomos que constituirán lo que llamamos Materia, pero con un vibrar vital constante que los hará estructurarse paso a paso hasta complejidades cada vez más diversas, hasta convertirse en Materia Orgánica que posibilite la expresión consciente de las Almas en su camino infinito en el cual van tomando consciencia de su realidad viviente, que se traduce en la manifestación o desarrollo progresivo de los Valores que de su Esencia van despertando.
Y es así como las Almas, desde sus estados más simples, van dando lugar a lo que las expresará en sus modos de plena inconsciencia, como los soportes de aquellas otras que, más evolucionadas en el tiempo, adquieren la posibilidad de expresarse como seres humanos (habiendo trascendido los reinos mineral, vegetal y animal). Y dado que la emanación del fluir vital de Dios es constante, como Fuente infinita y eterna, los campos de la Materia siempre irán existiendo, dando lugar al Universo, sobre el que las almas ya evolucionadas considerablemente asumen la responsabilidad de colaborar en los procesos universales, si bien todas lo hacen, inconscientemente, desde su inicial surgimiento en ellos.

Imagen tomada por el Telescopio Espacial Hubble, mostrando pequeña fracción de galaxias del cúmulo de galaxias Abell 370, a unos 4 mil millones de años luz de la Tierra. Este es un grupo de galaxias unidas libremente por la atracción de la gravedad. Abell 370 contiene varios cientos de galaxias. En 2016, se dieron cuenta de que también debe haber muchas galaxias demasiado oscuras y distantes para aparecer en el campo profundo del Hubble, lo que significa que el número total de galaxias probablemente sea de 2 billones.
No es, pues, la Materia aparentemente inerte, algo sin vida, pues la vibración del átomo más simple es expresión de que en él existe el hálito vital, que lo conducirá por el proceso evolutivo hasta adquirir la complejidad estructural que caracterizará a las estructuras de conciencia que llamamos cuerpos animados. [Para más detalles, ver PDF “Aspectos del Alma”]
La aceptación del proceso evolutivo mencionado del Universo, no resulta fácil de asimilar, por cuanto observamos tanta condición "material" en él, como si hubiese sido creado en tales condiciones de complejidad y extensión. Y tal dificultad surge a raíz del tiempo en que estamos situados respecto de cuando se originó el primer brote de emanación del fluido divino, desde el cual han surgido infinidad de Seres de tal condición evolutiva que parecieran haber aparecidos como tales en una plataforma universal estructurada en la complejidad que hoy nos es posible observar. Mas no existen "privilegios" en la Creación; todo se estructura evolutivamente desde la mayor simplicidad hasta la más inmensa complejidad, a raíz de las inercias que se van desarrollando, impulsado todo por los Principios inmersos en sus Esencias.
Para acercarnos un poco al entendimiento de la relación de Dios con el Universo, hagamos uso del criterio holográfico que nos permite conocer que la esencia del Todo se halla en las Partes del mismo. Así como también del 2º Principio del Kibalión, el de Correspondencia, que nos dice "como es arriba es abajo, y como es dentro es fuera", y todo ello aplicándolo al análisis de nosotros mismos, como microcosmos que somos, en relación con el macrocosmos que es la Creación de Dios.
Consideremos nuestro Organismo corporal en su estructuración completa, formado por infinidad de átomos, moléculas, multitud de células, así como de órganos y sistemas. Todos ellos interviniendo en el conjunto global de una manera coordinada y que hacen posible la condición humana que expresa nuestro Espíritu encarnado. De éste, dicho conjunto recibe, digámoslo así, su aliento vital y la inteligencia y sensibilidad que a su través puede expresar tal condición humana. Nuestra Alma está en todos y cada uno de los elementos corporales (desde cada átomo a cada órgano y sistema), alentando sus expresiones vitales, sin tener que identificarla con esos elementos que constituyen el Cuerpo; es decir: el Alma da expresión vital al Cuerpo, pero no es el Cuerpo.
A nuestra Alma no la vemos porque es una "Potencialidad viviente", pero sabemos de ella a través de la consciencia que tenemos de nuestra presencia, pensamientos y actuaciones, etc. Es decir, que vemos la Obra de nuestra Alma, que es lo corporal con todos los atributos que tiene, de presencia, movimiento, sensibilidad, inteligencia, etc., etc.; atributos y las posibles formas que estos adquieren a raíz de lo que el Alma ha ido evolucionando en sus incontables expresiones manifiestas en los mundos sutiles y materiales, y que se nos hacen manifiestos por la intervención del "Peri-espíritu" (capa fluídica del Alma), de contenido cada vez más complejo y, al mismo tiempo, cada vez más sutil, del que se informa más adelante.
Comprenderemos el término "Potencialidad" si consideramos lo que el Kibalión expresa en su primer Principio: "Todo es Mente", de donde surge la Voluntad de las manifestaciones. Desde nuestra limitada capacidad para concebir y entender la Inmensidad, a la Potencialidad la llamamos Abstracción, y a ésta a su vez la llamamos Mente (de ahí que se diga "El Todo es Mental"), quizás por el hecho de que lo Mental es lo único que "conocemos" que no posee definición vinculada a lo Espacial que posibilita la Presencia o ubicación.
Nos ayuda a captar ese criterio de que todo es Mente, si consideramos la Telepatía, que consiste en la transmisión del Pensamiento entre dos individuos (diálogo extracorpóreo), sin intervención alguna de órganos corporales (el autor de este texto la ha experimentado). Teniendo esto en cuenta y lo que conocemos del mundo espiritual (de las Almas desencarnadas), donde la comunicación, desplazamientos y obras, se realizan con la acción del Pensamiento (junto al que se ubica la Voluntad), sin necesidad alguna de órganos del cuerpo (cuerdas bucales, piernas, manos,...), especialmente con intensidad a partir de cierto grado evolutivo o vibratorio, podemos concebir cómo es la intervención del Ser Supremo, Dios, en sus modos de "estar" y crear, y su no necesidad de "Cuerpo" siendo el grado sumo de vibración y pureza, teniendo en cuenta que "la no pureza" (baja vibración) es lo que genera la corporalidad (sutil o densa) en los seres, pues ésta es su medio de desarrollo y evolución.
De igual forma, si extrapolamos esa observación "entre el Alma y el Cuerpo" hacia "todo el Universo", podemos entender cómo el Alma de éste, inmaterial como nuestra propia Alma, alienta toda la expresión y vida del Universo, formando una inmensa e inabarcable Unicidad (infinita multitud en perfecta coordinación funcional interactiva), sin que tengamos que considerar al Universo como Dios mismo, sino como su Creación, lo que de su Voluntad surge y se manifiesta de factores de vida y organización; y siendo Dios la Perfección Absoluta, su Presencia es plenamente inobservable por su extrema intensa Potencialidad.
Dios, como Espíritu Puro Pleno, es la Potencialidad Absoluta. Potencialidad que contiene en sí todo germen vivencial, siendo la infinitud de factores de expresión de Vida. Esa Potencialidad de Infinitud de Valores debemos concebirla como Inteligencia Suprema.
Considerando el orden y evolución universal hacia la complejidad y crecimiento de sus valores, vemos que en todo ello hay una inteligencia y perfección tales, que nos permiten poder definir los atributos que su Creador tiene en Sí mismo, tales como...
Dios es la Inteligencia Suprema, Causa Primera de todas las cosas. Es Eterno (si hubiera tenido principio, habría surgido de la nada), Inmutable (si Él se hallara sujeto a mudanzas, las leyes que rigen el Universo no poseerían ninguna estabilidad), Inmaterial (vale decir, que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia; de lo contrario no sería inmutable, debido a que se encontraría sujeto a las transformaciones de la materia), Único (si hubiera varios dioses, no existiría ni unidad de propósitos ni unidad de poder en la ordenación del Universo), Todopoderoso (porque es único; si no poseyera el soberano poder habría algo más poderoso que Él o tan poderoso como Él, e igualmente no podría haber unidad de propósito ni la ordenación universal existente), Soberanamente Justo y Bueno (la providencial sabiduría de las leyes divinas se pone de relieve tanto en las cosas más pequeñas como en las más grandes, y esa sabiduría no permite dudar ni de su justicia ni de su bondad). Y... ¿qué pensar de ser Dios "la resultante de todas las fuerzas e inteligencias del Universo reunidas"?: Si así fuese, Dios no existiría, por cuanto sería Efecto y no Causa, y no puede ser a la vez uno y otra; por tanto, de Dios surgen esas fuerzas e inteligencias, a través del hecho de Su Creación.
Podemos concebir a Dios como la Esencia de la Sabiduría Suprema del Amor, que dio lugar a la Vida de infinidad de formas progresivas manifiestas y que discurre entre planos de Manifestación e Inmanifestación, según desde dónde son observados, en constante alternancia para sus procesos evolutivos, tal como podemos observar en los planos que circundan nuestra realidad vivencial; ambas expresiones equilibrados en sí mismas, sin que éstas sean factores diferenciados, sino un Campo de expresión vital potencial con infinidad de grados de manifestación, desde la densidad plena (ínfima vibración) a la plena sutileza, expresables en niveles de vibración o movimientos interactivos.
La Manifestación surge como expresión de la Voluntad de Dios, con la finalidad de posibilitar de forma manifiesta, el surgimiento de sus Valores desde la mínima expresión de estos, a través de las infinitas Almas que constituirán el Universo, que irán tomando consciencia de sí mismas a través de tales desarrollos de manifestación.
Este Universo de Almas, conjugándose en base a las Leyes de la Sabiduría Soberana del Amor de Dios, de donde surge la Creatividad como expresión de "la donación de Sí Mismo", dará lugar a los Campos de Interacción donde ellas irán adquiriendo el Movimiento de condición Vibratoria que caracterizará la cualidad de cada una de ellas, como peculiaridades del infinito potencial de su Creador.
Esencia = Concentración de Atributos. Todo se desarrolla en la Consciencia de Dios; Su Consciencia es la Abstracción de la Sabiduría del Amor, que al expresarse mediante la Voluntad adquiere el Poder de la Creación.
La imagen que sigue muestra cómo es la interacción de los Principios fundamentales de Dios: Desde su Vitalidad como Espíritu Puro, da lugar a la Creación, y ésta evoluciona por la intervención de sus Valores de Sabiduría del Amor.

Las emanaciones surgidas de Dios, son las Almas que dan lugar al Universo, como peculiaridades según los desarrollos a los que van dando posibilidades de Ser. Nacen Simples e Ignorantes, como se indicó más atrás en este documento, para generar en sí mismas los atributos de su Esencia. Gracias al Compartirse, desarrollan la Evolución que las lleva por las escalas de expresiones de Vida, desde el Átomo libre, al Ser Angelical. Todo surge del Amor y de la Sabiduría de Dios, inefable Creador, generando la Vida que desde Sí mismo expande en Sus constantes irradiaciones de Sus propios Valores. Loado sea siempre el Hacedor de Vida, y hacia Él nos encaminemos conscientes, por medio de las constantes re-encarnaciones como medio de crecimiento y de purificación de hábitos indebidos, hasta tanto alcancemos tal grado de purificación o elevación espiritual, que no sean precisas, interviniendo entonces en los diferentes mundos como Espíritus de considerable pureza y alta frecuencia vibratoria.
Compartir-nos es el Principio de la Creación y el Destino del Universo. Gracias a “lo que damos de nosotros mismos” es que recibimos, y ocurre en analogía de Valores, es decir, que de la cualidad de la que demos es de lo que recibiremos: si damos Paz, recibiremos Paz; si generamos odio, el odio nos envolverá. Mas no siempre recibiremos de allá donde donemos, pues la Vida es un conglomerado de factores, tanto complementarios como antagónicos, y cada elemento y sus circunstancias tienen su tiempo de emisión y de recepción, en función de la necesidad de su proceso evolutivo. Todo está correlacionado y se mueve dentro de una Unicidad donde todo fluye regido por la Sabiduría y Justicia divina.
El diagrama siguiente nos permite ver la relación del Alma con los Principios que posibilitan su expresión y evolución:

El Principio Vital, como posibilitador de lo que hemos mencionado como Materia, que en lo humano es la materia orgánica, con la intervención del Periespíritu hace posible la estructura de los cuerpos carnales. Y respecto del Universo, hay que ver al Aliento Vital como el "Aliento" de Dios haciendo posible la manifestación de aquel. Los Principios de Amor y Sabiduría son los Valores de Dios que, en su acción conjunta posibilitan la evolución de los Valores de Sensibilidad e Inteligencia que caracterizará a las Almas, desde las expresiones que puedan a estos manifestar.
Las vivencias en el "Espacio-Tiempo" son parte de la Ley del Progreso, para que la Mente y el Cuerpo humano encarnado se desenvuelvan en el Aquí y el Ahora. En tal dimensión material no puede conocer de su pasado espiritual (otras vidas, materiales o espirituales); razón por la cual, al encarnar perdemos la posibilidad del recuerdo de nuestras vidas anteriores, que sería limitante para la libertad de acción de las almas. La Consciencia del Alma queda limitada a la Consciencia temporal carnal.
Las coordenadas Espacio Temporales surgen en las primeras fases de desarrollo de las Consciencias, en los mundos que consideramos materiales, a fin de ir posibilitando el surgimiento de los Cuerpos Carnales a través de los cuales ir adquiriendo el Discernimiento. Estas coordenadas posibilitan el desarrollo de las Conciencias, pues la posibilidad de correlacionar elementos es necesaria para la Comprensión, y sin lo espacial o de "extensión", así como lo temporal o de "lentitud", no sería posible.
Comprenderemos la Estructura del Ser sabiendo que Todo cuanto Es tiene una Tetrapolaridad básica, a modo de Cuadratura del Círculo. Así, todo en la Creación tendrá siempre una condición Tetrapolar, que se caracteriza por: dos Polaridades actuando conjuntamente, y dos Polaridades actuando diferenciadamente, que se complementan en sí mismas, cuyo ejemplo más simple lo tenemos en la refracción de la Luz. En el caso expresado del Diagrama sobre Valores de Dios, tenemos: Sabiduría-Amor, y Eternidad-Infinitud, como Valores básicos o Esenciales considerados en Dualidades complementarias. La primera Dualidad (Sabiduría-Amor) es al mismo tiempo Esencia y Objetivo. La segunda es el Medio donde se expresa y desarrolla la primera.

La Creación refleja la grandeza, poder y sabiduría del Creador. Es un acto ordenado hacia la manifestación de la Bondad y Sabiduría de Dios, que en su infinito Amor posibilita a su propia Creación tomar parte activa en ella a partir de que ésta va adquiriendo el grado de entrega que caracteriza a la Misma y que se manifieste en vibraciones que son propias a la condición del Amor, y así ir desarrollando cada vez más grados de la infundida infinita Potencialidad de Dios.
La imagen de más arriba mostrando multitud de Galaxias bien distantes y con relativa autonomía, así como de posibles otros Universos, da a pensar que Sus Emanaciones de vida vienen a constituirse en Cúmulos, a través de constantes emanaciones y desarrollos debido a la Gravedad, a modo de Órganos de un Cuerpo Universal de infinitud de Valores cualitativos que se escapan a nuestro entendimiento, no obstante todo ello regido por el Orden y el Bien de una Sabiduría que no puede ser otra que la del Amor Infinito, Esencia Primordial de Todo. Esos Cúmulos surgen de las Nebulosas, llamadas “cunas estelares”, a modo de gigantescas nubes de gas (hidrógeno principalmente) y polvo.

La supervivencia del Cuerpo no es el objetivo de la vida corporal, pues el Cuerpo no es más que un medio o herramienta (estructurada orgánicamente) para posibilitar la toma de consciencia de la realidad del Alma que se expresa a través de aquel. Solemos enjuiciar la vida en lo que ocurre a los Cuerpos y circunstancias de éstos, y en todo caso a las posibilidades emocionales (sufrimientos o alegrías) que dimanan de aquellas. Mas debemos analizarla en función de lo que incide en el proceso en sí del Alma y no de su condición carnal, temporal y caduca. Todo está regido por lo que cada cual precisa para definir la personalidad por la que está optando, y para forzar cambios de actitudes que contradigan los proyectos del Alma hacia su condición encarnada.
Considerando nuestra procedencia evolutiva con ascendencia de reinos inferiores, puede considerarse lógica la tendencia humana de "sobrevivir" como lo esencial de nuestra presencia en la Tierra. Y es que tendemos a fundamentar todo desde lo que perciben los sentidos físicos.
Hay una situación en la que cobra especialísima importancia el apego o no que tengamos a nuestra estructura corporal (así como también a los elementos y circunstancias vividas). Se trata del momento final de la vida en el cuerpo, en la que el Alma precisa "desprenderse" de su atadura carnal para ingresar en el mundo espiritual, en el que la acompañará sólo su "revestimiento" fluídico periespiritual (con cierta analogía al cuerpo carnal pero sin las afecciones y limitaciones de éste) y lo que haya desarrollado de moralidad, inteligencia, amor y sensibilidad. Según la actitud hacia apegos terrenales, el desprendimiento puede ser desgarrador y dificultoso en la forma y en el tiempo, o bien resultar liviano y pronto, todo debido a la dificultad o facilidad del Periespíritu de "salirse" o abandonar las estructuras orgánicas y celulares. Nuestra Mente está en el Periespíritu, y éste no puede abandonar el cuerpo si con la propia Mente nos mantenemos aferrados a la estructura corporal o situaciones del entorno físico o a vínculos emocionales propios de la vida carnal.
Por supuesto que no es lo mismo "cuidar y cultivar" el Cuerpo, que estar apegado a él como elemento indiscutible para estar en la Vida. Lo debemos cultivar para que sea una herramienta eficaz en la actividad del Alma, pero ha de considerarse que la Vida está en el Alma, no en el Cuerpo (a quien el Alma se la otorga y a través de él la mostramos en los planos materiales densos). Mas una vez termina su labor terrenal, ha de ceder el paso a la presencia espiritual, donde todo adquiere el verdadero sentido que la Vida tiene, mostrando todos los valores que el Alma haya ido cultivando, sin condicionantes limitantes.
El Cuerpo tiene la indiscutible labor de posibilitar al Alma ir creciendo o evolucionando en Sabiduría y en Amor, para que desde su primitiva condición de simplicidad de expresión, vaya añadiendo a su capacidad presencial y vital los Valores de su Creador, Dios, ya que estos están inmersos en su Esencia.
En todo hay un magnetismo energético (las cosas, personas y circunstancias son parcelas específicas de energía) que mueve las situaciones y circunstancias personales y colectivas, y que fuerza los sucesos que deben generarse para lo que llamamos Evolución de las Consciencias. El aparente caos que percibamos en algo (en lo más minúsculo o en el macro universo), no es más que el fruto de una visión parcial de todo cuanto envuelve a lo observado.
La Ley de "cosechar lo que se siembra" dirige los aconteceres gracias a la acción del estado vibracional que todo contiene, tanto en la acción y estado físico como en la acción y estado mental. Así, Dios rige la vida universal con el Principio Vibracional (frecuencia vibratoria) que todo contiene. Y considerando el Principio de «como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba; y como es dentro, así es fuera», lo que creemos y sentimos internamente, se manifiesta externamente; de esta forma, lo que percibimos fuera, nos informa de nuestro estado interno; por lo que aquello que vamos observando que nos envuelve o condiciona en la vida, es el efecto de las Leyes de Dios, sin que Él sea el "responsable" de lo que consideremos "males", sino resultado de nuestro propio proceder y sentir interno. "El árbol se conoce por sus frutos"; nuestra Alma es el árbol, y nuestras circunstancias y acciones son sus frutos.

Gracias a esos estados vibracionales, todo se rige por el Magnetismo (todo tiene sus polaridades opuestas y sus complementarias) que atrae o repele formas de vida o expresión.
Así como todo elemento material tiene su condición específica vibracional, que le permite mantenerse de forma específica e interaccionando con otros factores materiales, de la misma forma ocurre en las Actitudes y Comportamientos. Cada una de ellas y de ellos tienen su propia cualidad vibracional, y según sea ésta, así serán las consecuencias de lo que atraigan y repelen en el ser que lo exprese.
Esto anterior es algo análogo a lo que ocurre con los Alimentos que ingerimos, que según sea su condición vibracional (que le otorga mayor o menor sutileza o densidad) y no sólo su componente bioquímico, así será como afecte al funcionamiento orgánico, cerebral y sensorial del sujeto, y las respuestas que ocasione en la personalidad de éste.
Vemos así que la clave para la dirección correcta o positiva de nuestra vida, es el tener en cuenta la escala vibratoria de todo por lo que nos motivemos, tanto en lo nutricional como en las actividades que tengamos, y los estados emocionales, sentimientos, palabras, pensamientos, gestos y todo aquello con lo que nos relacionemos. Y en esto hay que tener bien en cuenta lo que hacemos con nuestros teléfonos móviles, según las noticias a las que nos abrimos, los vídeos e imágenes que vemos, canciones que escuchamos, etc., etc., de cualidades vibraciones muy diversas y que constituyen también elementos de nuestra nutrición energética.
Es de esta manera como cada actitud interna y comportamiento externo nos sitúa y conecta con lo propio de la vibración que le caracteriza, teniendo en cuenta que lo que es más cercano a los valores del Amor, lo caracteriza por una vibración más elevada, mayor; y lo más distante al amor contiene una vibración de mayor densidad, es decir de menor vibración. El Amor embellece; el Odio malforma; la Humildad sensibiliza; el Orgullo endurece.
Con todo esto anterior vemos parte de las Leyes de la Vida que Dios creó. Él no tiene que estar juzgando, sino que sus Leyes o Principios otorgados a la Materia (densa o sutil) cuidan de los procesos evolutivos de ésta y de los comportamientos y valores que se desarrollan, ya que todo es energía y no solamente formas o aspectos.
Lo que influye especialmente en la condición evolutiva y vibratoria de un Ser es, por encima de su Inteligencia, su condición Moral. La Moral es el conjunto de normas y valores (como la responsabilidad, la justicia y la honestidad) que guían el comportamiento hacia el bien y diferencian lo correcto de lo incorrecto. Al tener una base social y colectiva, se podría generar discrepancia de criterio sobre una actitud moral concreta entre dos colectivos diferentes, siendo por eso necesario considerar lo que la Ética puede establecer, ya que ésta consiste en el estudio de la Moral, analizando lo que es moralmente correcto e incorrecto. Los cinco valores éticos fundamentales son: respeto, justicia, responsabilidad, honestidad y libertad.

Respecto a la Reencarnación, debemos entender que es el "Volver a encarnar en un cuerpo físico después de haber muerto"; es decir, volver a nacer e ir desarrollando vidas sucesivas. Vidas que irán significando el "hilo continuo" del proceso de cada Ser. Entre cada vida en el cuerpo, el Alma o elemento inmortal de cada Ser, desarrolla otros modos de vivencia en dimensiones diferentes (plano espiritual). Esas épocas de transición entre vida y vida en el cuerpo son análogas a “lo que en una vida serían las noches entre cada día y siguiente día”, en las que la Conciencia tiene la posibilidad de "metabolizar" las vivencias experimentadas en este plano de la materia. Cuando el Alma ingresa en la Tierra, es decir, cuando venimos a nacer a la Tierra (reencarnar), "con nuestra primera respiración nos hacemos ciudadanos de este mundo". A partir de entonces y gracias a “nuestra constante actividad respiratoria”, iremos interviniendo en la atmósfera psíquica del Planeta y ésta en nosotros; de ahí la importancia de la necesidad de incesante Respiración (amplia y profunda si es posible).
Todas las vidas se expresan como un hilo continuo, con cambios muy sutiles o pequeños; por tanto, “nuestro cuerpo será prácticamente idéntico al anterior y seguirá definiendo los caracteres de nuestra personalidad”. Las diferencias estarán motivadas por los cambios que ocasione la evolución lograda (en el cuerpo y la mente), características de la desencarnación última, y las circunstancias que el proyecto del Alma precise para las modificaciones de su personalidad humana (en esto cabe el posible cambio de sexo). En tal proceso del gestación, el Alma que viene a renacer influenciará sobre los hábitos (de todo orden) de la madre, a fin de adecuar el feto que gesta, a las necesidades de la personalidad que viene a renacer. Si bien la madre influye en el feto, esto ocurre en función de lo que el Alma infunde en la madre para que la madre haga en sí misma.
Cada reencarnación es una nueva oportunidad para alcanzar a saber “qué debemos hacer para lograr que nos envuelva lo que vamos considerando como lo óptimo a esperar de la Vida”. Y es por esta razón que pasamos por situaciones de poder, de vanidad, de egoísmo, etc., hasta conocer que desde “el saber ser Amor” nos conducimos a la Sabiduría y, con ésta y el Amor, a cotas de intensidad de vida “cada vez de más amplia y perdurable Felicidad”.
Desde la realidad de Alma que somos más allá de aspectos y condicionantes físicos o materiales, somos creadores del mundo que percibimos, del mundo que nos envuelve, de la personalidad que somos, de los aspectos físicos con los que nos mostramos, de las cualidades fisiológicas que dan lugar a las funciones orgánicas de donde surgen nuestras cualidades humanas, etc., aunque nos empeñamos en situar el origen de todo “en lo casuístico, y otros tipos de causas externas”, como genética familiar, etc., para así no responsabilizarnos de cuanto nos ocurre.
Otra finalidad importante que tienen las reencarnaciones es la de poner al Espíritu en condiciones de afrontar la parte que le cabe en la obra de la Creación, en cuya cooperación también seguirá progresando él mismo. Nuestro camino espiritual como Almas con la Potencialidad de Dios subyacente en nuestras posibilidades a desarrollar, tiene un propósito más grande que nuestra propia paz y felicidad. El alma no evoluciona para glorificarse sólo personalmente, sino para glorificar al Creador sirviendo a la Creación, colaborando en sus planes universales. Y es por ello que en los planos elevados los Espíritus cooperan en la armonía del Universo al ejecutar los designios de Dios, cuyos Ministros son.
La vida espiritual es una ocupación constante. Todo se eslabona en la Naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo comenzó en un átomo. Dicha ocupación no tiene el carisma que concebimos en lo encarnado, pues en lo espiritual es el Pensamiento el artífice a través del cual se actúa. Además, por la consciencia que tienen los espíritus puros de ser útiles, dicha cooperación constituye por sí en ellos un goce, entre otras razones, porque en ello se constituyen en Co-creadores al asumir la continuación de la Obra de Dios en constante crecimiento evolutivo para hacer partícipes de ella a sus propias criaturas, desarrollando cada vez más grados de su infinita infundida Potencialidad.
*** Al final de este documento tienes Link a Web que expone amplia y detalladamente aspectos de la Reencarnación, incluyendo 2 Casos de Reencarnaciones sucesivas de dos Almas (diferentes), donde conocer cómo son los procesos de una misma Alma (está al final de la Respuesta 14).
Somos Almas, surgidas como "peculiaridades del Infinito", desarrollando "Estructuras de Conciencia de nuestra propia singularidad" (que en los planos de la Materia llamamos Cuerpos), para ir evolucionando nuestra propia Consciencia de Ser, creciendo en Sabiduría y en Amor a través de reiteradas vivencias por los Mundos materiales, alternándolas con estados libres de sólo nuestra condición espiritual, fluídica, inmaterial y eterna; experimentando infinitas formas y modos de Ser, hasta alcanzar la pureza de Sentimiento, de Pensamiento, de Actitudes, y expresiones de solidaridad y apoyo a todos los reinos de la Naturaleza, visibles y no visibles, para juntos alcanzar la condición de Espíritus Puros, desligados de todo interés que no sea el servir a Dios, nuestro Creador, en su infinito Plan de instruir y elevar las Consciencias hacia Su propia condición de Bondad, Misericordia, Justicia e Inteligencia, que en definitiva son los Pilares de la Vida, concretados en "Sabiduría y Amor", vinculados a Infinitud y Eternidad en su desarrollo progresivo. Todos somos “Almas vivientes en la eternidad”, más allá del tiempo y del espacio en los que nos empeñamos en circunscribir la Vida.
Los Espíritus son los Seres Inteligentes de la Creación. Pueblan el Universo dentro y fuera de los mundos materiales. Son las Almas revestidas de la "envoltura espiritual", llamada "Peri-espíritu", que las define en las cualidades y valores que han ido desarrollando a lo largo de sus manifestaciones desde que fueron surgidas de la Mente de Dios como Seres simples e ignorantes. Tal envoltura es de condición etérea, que llamamos fluídica, no percibible con los ojos de los cuerpos orgánicos o encarnados.
El Periespíritu acompaña eternamente al Alma, como expresión de los valores que va desarrollando en ella. En lo encarnado, el Periespíritu se muestra con el aspecto del Cuerpo físico por su vinculación a la materia orgánica que estructura y organiza. Debe considerarse en esto último lo que en el Cuerpo deba expresar de condicionantes para cada experiencia terrena. Fuera de la encarnación tenderá a expresarse de una forma análoga, aunque fluídica y no material densa, sin los condicionantes limitantes propios de los sentidos y circunstancias físicas carnales que estructuró.
Como Almas, fueron creadas en su Potencialidad a semejanza de Dios, a fin de que fueran desarrollando Sus Valores mediante expresiones individualizadas dentro de Colectivos donde se estructuraban dando lugar a aspectos peculiares.
¿Qué es el Ser Humano? Es un Espíritu encarnado, es decir, revestido de materia orgánica a través del proceso conocido como encarnación. El Periespíritu o envoltura del ser espiritual es el vínculo que posibilita el acoplamiento de la materia orgánica que compondrá el Cuerpo carnal, ajustándola a los valores que viene a expresar el Alma, en lo cual conlleva el dar "vida" a tal materia para poder expresarse e intervenir a través de ella.
¿Qué era el Espíritu antes de unirse a un cuerpo carnal? Era un Espíritu libre, un Alma con su revestimiento fluídico peculiar, habitando en los mundos o planos espirituales. El término "Espíritu" debe asociarse a una Entidad. El término "Alma", a una Potencia surgida de Dios. Así, un Espíritu es un Alma con su revestimiento peculiar que define su condición evolutiva alcanzada. Tal revestimiento espiritual le posibilita poder mostrarse como Ser específico diferenciado.
El Hombre es un "compuesto" de triple naturaleza: humana, astral y espiritual, es decir, materia, fluido y esencia. Dicho compuesto podemos también denominarlo como: Cuerpo Físico, Cuerpo Fluídico o periespíritu, y Alma, respectivamente; de este último se irradian la vida, la inteligencia, los sentimientos, etc., etc. hacia todo el compuesto. En el segundo, el Periespíritu, están estructurados los valores que definen a la Personalidad que representa (en lo físico y en lo psíquico), y es por su constante influencia sobre el proceso de gestación del cuerpo físico, como el cuerpo carnal irá tomando la forma y cualidades de la Personalidad que de nuevo viene a expresarse en lo terrenal, con ligeras variantes de como se expresaba en su encarnación anterior (como se indicó más arriba), en función de la experiencia que desarrolló, las circunstancias que motivaron su desencarnación y los objetivos que venga a dar vida en la actual encarnación.

De esos tres "cuerpos", el primero es temporal, obedeciendo sólo a las necesidades de las circunstancias que le rodean. El segundo es imperecedero y tiende a progresar, desarrollarse y perfeccionarse a través de los trabajos incesantes durante milenios. El tercero es el Alma, eterno como el origen del que proviene, luz imperecedera cuyo destino es el brillo supremo para gloria de su Creador. Conforme el Espíritu va elevándose en pureza, va adquiriendo mayor frecuencia vibratoria en todo cuanto lo constituye, de tal modo que su aspecto va siendo cada vez más sutil, hasta alcanzar la condición de los espíritus puros, y que muy bien podrían denominarse como ángeles, arcángeles o serafines.
Así como el Periespíritu expresa en sí los Valores desarrollados por el Alma, el Cuerpo no expresa en sí las cualidades del Alma, sino que en función de su estado y desarrollo en cada época y momento, expresa las "posibilidades" de manifestación e intervención del Alma; por tanto, es crucial saber qué precisa, tanto en su nutrición, dinámica, aplicaciones y cuidados, para no ser un factor limitante, sino colaborador del Proyecto del Alma o Ser encarnado, en su proceso Evolutivo.
Del Cuerpo carnal dependen las posibilidades de expresión, vivencias y todo cuanto pretenda el Alma para desarrollo de su objetivo de vida terrenal. Su condición Visual, la Dinámica corporal con la que lo ejercitemos, los Nutrientes que le aportemos, las características de su Fisiología orgánica,... y todo cuanto son las tendencias y modos de aplicar los Sentidos, así como los elementos y facultades del Cuerpo en cada uno de sus aspectos, van a condicionar las posibilidades de "nuestro Modo de ver la Vida y nuestras implicaciones en ella". De ahí la importancia de saberlo considerar y atender de cara a la evolución de nuestra Alma.
Los Sentidos desarrollan las neuronas Grises del Cerebro. Nuestra Dinámica corporal desarrolla las neuronas Blancas cerebrales. Las blancas son responsables de la interrelación entre las diversas áreas grises y, también, de la posibilidad de coordinación de ambos hemisferios.
Utilizando el criterio de la Holografía que expresa que cada parte contiene información del Todo, así como en un principio de este texto se utilizaba para conocer, desde la relación de nuestra Alma con el Cuerpo, la relación de Dios con el Universo, vemos que igualmente da razón de ser a los diversos Sistemas Reflexológicos que ayudan a conocer aspectos específicos y de la globalidad interna del Cuerpo, examinando algunas áreas concretas del mismo, tales como los Pies, las Manos, las Orejas, los Iris, etc. Y sobre este asunto, se aprovecha para también aportar aquí, como apoyo al conocimiento del Cuerpo, un esquema de la Fisiognología facial aún no muy extendida, de gran utilidad para captar la condición de las diferentes Vísceras y ajustar a ella la nutrición que debamos aportarle, o saber de necesidades de atención respecto de sus estados fisiológicos. Muestra cómo en el Rostro podemos conocer de muchos aspectos de la Fisiología corporal, en una correspondencia de "inversión simétrica" respecto de la línea del Cuello.

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Y otro factor importante en esto de la Fisiognología, que expande o extiende bastante el criterio holográfico, es el poder conocer las influencias de lo que rodeaba a nivel astronómico (específicamente en la Eclíptica) el instante y lugar de nuestro nacimiento, donde poder observar aspectos de nuestras tendencias de comportamiento y aptitudes de la personalidad, dado que todo elemento orgánico está relacionado con valores concretos de la Personalidad (recordemos... "todo es mente"). Es lo que muestra la imagen siguiente y que define en qué áreas o elemento del Rostro se muestran tales áreas eclípticas:


Todo está interconectado y, al mismo tiempo, expresado diferenciadamente según los patrones que utilicemos en esas correspondencias. La figura circular anterior muestra correlaciones de elementos eclípticos, elementos corporales y actitudes de la personalidad. Asuntos estos que se añaden en este texto por cuanto confirman lo holográfico de la vida material y la mental, que en definitiva vienen a ser la misma cosa pero expresadas en planos diferentes. Y sirva para esto la definición de que "el Cuerpo es la expresión orgánica o materializada de los valores mentales del individuo", que con otras palabras se diría que vienen a confirmar lo que ya se expresó de que. . . . "Todo es Mente", y que los Cuerpos son los diferentes estados de vibración de las Consciencias. Y de ahí una vez más remarcar la trascendencia de considerar al Cuerpo como la herramienta más valiosa del plano encarnado para poder conducir al Alma a su proyecto de vida en su condición humana terrenal.
Considerando aquí la importancia de la Fraternidad Universal, debemos saber que nuestro Cuerpo es el prójimo Hermano más próximo que tenemos, pues es la materia orgánica infundida de vida y estructurada con nuestra propia identidad para posibilitar el progreso de nuestro Ser. Recordemos hacia él estos tres valores éticos: Responsabilidad, Respeto y Justicia.
Fue Jesús de Nazaret quien trascendió los Principios que regulaban las relaciones humanas, así como quien nos informó del cambio que debería obrarse respecto de la consideración de Dios, diciéndonos que Dios es un Dios de Amor. Cambió la Ley de "Ojo por ojo y diente por diente" que existía en tiempos de Moisés, por la de "Amarás a Dios sobre todas las cosas, y al Prójimo como a Ti mismo”, expresando que de estos dos Mandamientos depende toda la Ley. De forma análoga podemos expresar lo segundo de la siguiente manera: “Haz en los demás lo que desees para ti mismo”, pues “Cosechamos lo que sembramos”. En definitiva: Ser Amor como nuestro Padre, Dios, lo es. A partir de entonces se empezó a considerar la importancia de la Fraternidad Universal, en la cual centra la Teosofía moderna su intervención y objetivo principal.
Angel Baña Ruiz
Sevilla, 17 de febrero de 2026
Revisado: 15 abril 2026
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